Un día cualquiera se me acercó un desconocido y me dijo todo con una mirada. Por un segundo guardé todas esas respuestas y me deshice de las preguntas, puesto que ya no las necesitaba.
Pero el desconocido desapareció, y con su mirada se llevó las respuestas que creí por un momento mías.
De todas formas, no las necesito... ya no tengo más preguntas.

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