Se levantaba, se hacía el desayuno e, indefectiblemente todos los días olía la leche esperando que estuviera agria. Y era así con todas las cosas, pero nunca podía encontrar que era lo que estaba mal. Mientras desayunaba leía los avisos fúnebres, buscando algún familiar, al menos un conocido lejano... nada.
Luego salía hacia el garage, muy atento de no pisar nada desagradable que pudiera haber en el piso. Levantaba el capot del auto para ver que todo estuviera en orden y después, controlaba las llantas, el combustible y el aceite.
Ese jueves fue igual a todos los anteriores, la misma rutina. Sólo que el periódico no llegó y su nombre aparecía en él. Mientras tanto el sigue haciendo lo mismo, sin poder encontrar lo que está mal, siempre leyendo el diario... del día anterior.
APOCRICIDIOS: ARTURO CANCELA
Hace 6 años.
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